domingo, 11 de enero de 2009

Beware the dédicaces!

Se que en las crónicas oficiales hemos dado esa imagen de que todo fue maravilloso en nuestra fugaz visita a Bélgica,y sí, ahora que vuelvo a pensar sobre ello, creo que es improbable que jamás nos volvamos a encontrar tal cantidad de gente simpática y amable por metro cuadrado. Cualquier adjetivo que utilicemos le quedará pequeño a Bernard, Valerie, Amandine, Max, Nicola, Mike, Nico y su novia (perdón por no recordar el nombre)... Nos invitaron a comer y cenar en sitios maravillosos, nos alojaron en el mismo hotel en el que celebraba vaya usted a saber qué el gran Giovanni Rana,

nos enseñaron cómo es un invierno verdadero (no sabíamos que en España nos lo iban a enseñar también semanas después),

Bernard cocinó para nosotros uno de los días, Max me regaló el cómic de Jerome K. Jerome Bloche que yo me disponía a comprar en su tienda de Loverval... Consideraron nuestro cómic como "Coup de Coeur", o sea, especialmente recomendado por BD WORLD...

Sí, todo parece perfecto.
Y lo fue. Solo que en Loverval (aparte de Max, que fué un excelente anfitrión) también nos esperaba Jacques Gallien.


Por la mañana habíamos empezado el día en la mejor tradición albóndiga. El día anterior nos habían advertido que el desayuno se servía hasta las 11 de la mañana, así que pensamos que con bajar a las 9:30, tendríamos tiempo de sobra. Nos lo tomamos con tranquilidad mientras esperábamos a que bajase Eduardo Ocaña,

que esa primera noche la pasó también en nuestro hotel. Hacia las 11 por fín bajó, pero no para desayunar. Eso ya lo había hecho a primera hora. Nos explicó que venían a recogerle a las 12 para su segundo día de firmas (en Bruselas, creo). Le acompañamos hasta el hall del hotel y le despedimos deseándole suerte. Después llamamos a Bernard para preguntarle a qué hora vendrían a por nosotros. Nos dijo que vendría alguien a la 1, así que lo mejor era que comiésemos en el restaurante del hotel, que lo cargarían a la habitación y que después ya nos iríamos a la tienda de Loverval, donde empezábamos a firmar a las 2 de la tarde. Al colgar caimos en la cuenta de que si nos venían a recoger a la 1 y queríamos comer antes, debíamos empezar a comer a las 12. ¡Pero si acabábamos de desayunar a lo buffet libre! Aun nos miramos durante unos segundos valorando la posibilidad de darnos la vuelta y volver a entrar al restaurante del hotel, pero al final se impuso la cordura y los estómagos hinchados y decidimos que no volveríamos a comer nada hasta por la noche.


Una vez en Loverval todo fue sobre ruedas. La tienda era enorme (el estándar para las tiendas de cómic de allí, como pudimos comprobar).

Había carteles anunciando nuestra sesión de firmas,

estábamos contentos, teníamos nuestras tazas de Cedric... Nada hacía presagiar lo que vino después
Entonces apareció él. Jacques Gallien. Un hombre alto, elegante, de pelo rojizo, que pasaba de los 60 años. Se sentó enfrente de mí, que acababa de terminar mi anterior dibujo, y se presentó (en inglés, tras explicarle, como a todos los demás, que no sabíamos ni una palabra en francés). Me dijo: "Hola, soy Jacques Gallien y soy el orgulloso poseedor de este coche maravilloso (mientras me enseñaba una foto en la que aparecía él junto a uno de esos deportivos de principios de siglo que le llegan a uno por la cadera). También tengo este enorme libro, que he publicado, con las ilustraciones que a lo largo de los años han hecho reputados ilustradores sobre mi coche (de la marca Morgan, creo recordar). Así, que me gustaría que tú también lo hicieras".


Bien, ahora haced el ejercicio de poneros en mi lugar. Lo primero que pensé fue en decirle: "Eeeh, verá, es que yo solo soy el guionista, y no creo que quiera tener un dibujo de su coche hecho por mí". Después, mi parte orgullosa reaccionó y decidí intentarlo. Aún así, le informé para que él decidiera: "Hola, mi nombre es Oscar, y soy el guionista", mientras le señalaba la palabra scenariste en la portada, "pero trataré de hacer su coche, si así lo quiere". Unos segundos de silencio que alimentaron mi esperanza de que pudiera salir ileso de ahí, y finalmente, su aprobación para que comenzara mi más que probable humillación pública: "Adelante, adelante, me encantaría". Consciente de mi papel como guionista, de que Jacques probablemente publicara los dibujos con posterioridad, etc, decidí coger la hoja en blanco del final del cómic y dejar reservada la del principio para el dibujo de Raúl. Y hala, a meter en perspectiva un coche, delante de toda esa gente que miraba con curiosidad.
Desde el principio, había pensado en no incrementar la dificultad del dibujo haciendo una chica, así que me decanté por dibujar a uno de los monstruos además del coche. Solo había un problema, y es que no había dibujado nunca a los monstruos, así que llegado un momento en el que estaba un poco overwhelmed de la responsabilidad y en habiendo terminado de encajar el coche, le dije a Raúl: "Oye, ¿y si hacemos una ilustración de colaboración y tú dibujas el monstruo ahora que el coche está ya casi terminado y nos quitamos esta responsabilidad de encima?" Cualquiera puede ver que estaba suplicando que me ayudase, ¿verdad? Pues he aquí la respuesta de Raúl: "No, no. Que cuando el hombre este ha dicho lo de dibujar el coche y algún monstruo se me ha ocurrido una idea y me encantaría dibujarlo". Para entender esta respuesta mejor tenemos que recordar que a Raul le gusta dibujar cosas que a los demás no. Entre estas cosas están los fondos y los coches. Los monstruos supongo que nos gustan a todos los que no seamos la Mari. En vista de que la caballería no estaba disponible, terminé el lápiz yo sólo y después me tomé mi tiempo para entintarlo, con el consiguiente atasco en la cola para las firmas (para cuando terminé ya había 2 o tres esperando con un dibujo de Raul esperando ser complementado por el mío). Este es el resultado final.

Cuando terminé, Jacques Gallien me pidió mi dirección de correo electrónico. Dijo que lo escanearía y me lo enviaría y... cuando llegamos al hotel y consulté el correo ¡ya me lo había enviado!. Todo un hombre de palabra Monsieur Gallien. Lo más extraño de todo es que a continuación, Jacques Gallien desapareció ¡sin el dibujo de Raúl! Yo supongo que no quiso acapararle también a él, viendo la que se había formado mientras yo hacía mi dibujo.


Ahora pienso que me hubiese gustado tener una foto del buen señor, pero en esos momentos, en lo último que pensaba era en dejar constancia de aquello. También me gustaría poder haber echado un vistazo más tranquilamente al libro de ilustraciones sobre el Morgan, o haberlo comprado si es que se puede adquirir en alguna parte...